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La historia de Noé
La maldad de los hombres
En los
tiempos de Noé los hombres eran perversos y rebeldes. Nadie se
interesaba en las cosas de Dios y cada uno hacía lo que le venía en
gana. Por todas partes reinaba la violencia y mucha injusticia. Dios
estaba muy triste porque a cualquier lado que mirase, no veía más que
maldad. No estaba contento con el resultado de haber creado a los
hombres y dijo: „¡He decidido borrarlos de la faz de la tierra, y
también a los animales!“
La construcción del arca
Noé y toda su familia eran un ejemplo
para los demás. Tenía tres hijos llamados Sem, Cam y Jafet. La entrada en el arca
Dios le
dijo a Noé: “Pero contigo estableceré mi pacto, y en el arca entrarás
tú con tus hijos, tu esposa y tus nueras. También llevarás al
arca un macho y una hembra de todos los animales que hay en el mundo,
para que queden con vida igual que tú. Contigo entrarán en el
arca dos animales de cada clase: tanto de las aves y animales domésticos,
como de los que se arrastran por el suelo, para que puedan seguir
viviendo. Junta además toda clase de alimentos y guárdalos, para
que tú y los animales tengáis qué comer.”
El diluvio
Llovió
con toda fuerza durante cuarenta días. Las aguas subterráneas salieron
a la superficie violentamente y las reservas de los cielos se
derramaron. El nivel de las aguas creció y creció, hasta que llegó a
donde estaba el arca y ésta empezó a navegar. En poco tiempo, las
montañas se inundaron y el agua llegó hasta siete metros por encima de
la cumbre más alta. Todos los seres vivos se ahogaron: aves, fieras,
reptiles de todas clases y todos los hombres. En resumen, Dios había
borrado todo ser viviente de la faz de la tierra. Únicamente Noé y los
que estaban con él en el arca se pudieron salvar del diluvio. El monte Ararat
Durante
cientocincuenta días el agua aumentó más y más sobre la tierra. Dios
no se había olvidado de Noé y de todos los animales que había en el
arca. Por eso, mandó que el viento soplase con gran fuerza, y las aguas
empezaron a descender. Noé y la paloma
Cuarenta días después, Noé abrió la ventana del arca y soltó un
cuervo, para ver si ya había tierra seca, pero el cuervo volaba de un
lado a otro sin posarse en ningún lugar. Después soltó una paloma,
que no encontró donde posarse y volvió con Noé. Siete días después
y la volvió a enviar fuera. La paloma volvió de nuevo, pero esta vez
tenía en el pico una ramita de olivo. De esta manera, Noé supo que las
aguas ya se habían retirado. Salieron todos del arca
Noé era
ya muy viejo. Quitó el techo del arca y se asomó a ver alrededor. Vio
que la superficie de la tierra se estaba ya secando. Esperó unos dos
meses, hasta que Dios le dijo: “Sal del arca, junto con tu
esposa, tus hijos y tus nueras. Saca también a todos los animales
que están contigo: las aves, los animales domésticos y los que se
arrastran por el suelo, para que vayan por toda la tierra y tengan
muchas crías y llenen el mundo“.
Noé y el arco iris
Noé
construyó un altar al Señor, tomó aves y animales puros de cada clase
y los ofreció como sacrificio sobre el altar. El Señor dijo: El amor de Dios
Dios
ha mostrado su infinito amor al enviar a su Hijo a un mundo lleno de
pecado, es decir, de maldad. Jesús es el Único Justo que ha habido en
este mundo. Sólo él puede liberarte de todo lo que te tiene ligado al
mal. El llevó a cabo la voluntad del Padre, hasta el final, para poder
salvarte. Un nuevo comienzo
Jesucristo
no se quedó en la tumba. ¡Resucitó y sigue vivo! Un padre tenía dos hijos.Un padre tenía dos hijos.
El más joven le dijo: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.’ Y el padre repartió los bienes entre ellos.
Pocos días después, el hijo menor vendió su parte y se marchó lejos, a otro país, donde todo lo derrochó viviendo de manera desenfrenada
allí vivía haciendo lo que le daba la gana. compraba todo lo que quería, derrochando su herencia con los amigos que se había buscado.
Cuando ya no le quedaba nada, vino sobre aquella tierra una época de hambre terrible y él comenzó a pasar necesidad.
Fue a pedirle trabajo a uno del lugar, que le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y él deseaba llenar el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Al fin se
puso a pensar: Volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti,
Así que
se puso en camino y regresó a casa de su padre.
El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo.’
Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Sacad en seguida las mejores
ropas y vestidlo; ponedle también un anillo en el dedo y sandalias en
los pies
Entre tanto, el hijo mayor se hallaba en el campo. Al regresar, llegando ya cerca de la casa, oyó la música y el baile. 26 Llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba, y el criado le contestó: ‘Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha mandado matar el becerro cebado, porque ha venido sano y salvo.’
Tanto irritó esto al hermano mayor, que no quería
entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese. Él
respondió a su padre: ‘Tú sabes cuántos años te he servido, sin
desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera un cabrito para
hacer fiesta con mis amigos. En cambio, llega ahora este hijo tuyo, que
ha malgastado tu dinero y le haces una fiesta.
’
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