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La historia de Noé

 

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La maldad de los hombres 

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En los tiempos de Noé los hombres eran perversos y rebeldes. Nadie se interesaba en las cosas de Dios y cada uno hacía lo que le venía en gana. Por todas partes reinaba la violencia y mucha injusticia. Dios estaba muy triste porque a cualquier lado que mirase, no veía más que maldad. No estaba contento con el resultado de haber creado a los hombres y dijo: „¡He decidido borrarlos de la faz de la tierra, y también a los animales!“

El único que hacía caso a Dios era Noé, porque vivía en una estrecha relación con el Señor, teniéndole siempre en cuenta. La gente que conocía a Noè sabía que se portaba bien.

 

La construcción del arca

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  Noé y toda su familia eran un ejemplo para los demás. Tenía tres hijos llamados Sem, Cam y Jafet.
Un día, Dios le dijo:“He decidido terminar con toda la gente. Por su culpa hay mucha violencia en el mundo, así que voy a destruirla, y al mundo entero. Construye un arca de madera resinosa, y haz cámaras en ella; y cubre con brea todas las rendijas del arca, por dentro y por fuera, para que no le entre agua. Haz el arca de estas medidas: 135 metros de largo, 22 metros y medio de ancho, y 13,5 metros de alto.  Hazla de tres pisos, con una ventana como a medio metro del techo, y con una puerta a uno de los lados. Yo voy a mandar un diluvio que inundará la tierra y destruirá todo lo que tiene vida en todas partes del mundo“. Noé hizo todo lo que Dios le había mandado.

La entrada en el arca

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Dios le dijo a Noé: “Pero contigo estableceré mi pacto, y en el arca entrarás tú con tus hijos, tu esposa y tus nueras.  También llevarás al arca un macho y una hembra de todos los animales que hay en el mundo, para que queden con vida igual que tú.  Contigo entrarán en el arca dos animales de cada clase: tanto de las aves y animales domésticos, como de los que se arrastran por el suelo, para que puedan seguir viviendo.  Junta además toda clase de alimentos y guárdalos, para que tú y los animales tengáis qué comer.”

Y Noé lo hizo todo tal como Dios se lo había ordenado.

Trabajó duro hasta el día en que entró en el arca con su familia y con los animales que habían venido hasta el arca, en parejas, tal como Dios les había dicho. Después, Dios cerró la puerta tras ellos.

 

El diluvio

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Llovió con toda fuerza durante cuarenta días. Las aguas subterráneas salieron a la superficie violentamente y las reservas de los cielos se derramaron. El nivel de las aguas creció y creció, hasta que llegó a donde estaba el arca y ésta empezó a navegar. En poco tiempo, las montañas se inundaron y el agua llegó hasta siete metros por encima de la cumbre más alta. Todos los seres vivos se ahogaron: aves, fieras, reptiles de todas clases y todos los hombres. En resumen, Dios había borrado todo ser viviente de la faz de la tierra. Únicamente Noé y los que estaban con él en el arca se pudieron salvar del diluvio.
 

El monte Ararat

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Durante cientocincuenta días el agua aumentó más y más sobre la tierra. Dios no se había olvidado de Noé y de todos los animales que había en el arca. Por eso, mandó que el viento soplase con gran fuerza, y las aguas empezaron a descender.

Dejó de llover. Cerró los lugares de donde salía agua, tanto en la tierra como en el cielo, y detuvo la lluvia. Poco a poco, el nivel de las aguas fue normalizándose.

Finalmente, el día diecisiete del mes séptimo, el arca se quedó parada sobre el monte Ararat. El agua dejaba ver sólo las montañas más altas.
 

Noé y la paloma

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  Cuarenta días después, Noé abrió la ventana del arca y soltó un cuervo, para ver si ya había tierra seca, pero el cuervo volaba de un lado a otro sin posarse en ningún lugar. Después soltó una paloma, que no encontró donde posarse y volvió con Noé. Siete días después y la volvió a enviar fuera. La paloma volvió de nuevo, pero esta vez tenía en el pico una ramita de olivo. De esta manera, Noé supo que las aguas ya se habían retirado.

Pasaron otros siete días y volvió a soltar la paloma por tercera vez.

Pero esta vez ya no regresó.
 

Salieron todos del arca

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Noé era ya muy viejo. Quitó el techo del arca y se asomó a ver alrededor. Vio que la superficie de la tierra se estaba ya secando. Esperó unos dos meses, hasta que Dios le dijo:  “Sal del arca, junto con tu esposa, tus hijos y tus nueras.  Saca también a todos los animales que están contigo: las aves, los animales domésticos y los que se arrastran por el suelo, para que vayan por toda la tierra y tengan muchas crías y llenen el mundo“.

Así que Noé obedeció y salió del arca. Los animales le siguieron. Y dijo Dios: “Nunca más volveré a maldecir la tierra por culpa del hombre, porque el hombre, desde joven, solo piensa en hacer lo malo.“

 

Noé y el arco iris 

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Noé construyó un altar al Señor, tomó aves y animales puros de cada clase y los ofreció como sacrificio sobre el altar. El Señor dijo:
“Mirad, yo voy a establecer mi pacto con vosotros y con vuestros descendientes, y con todos los animales... Mi pacto con vosotros no cambiará: no volveré a destruir a hombres y animales con un diluvio. Ya no volverá a haber otro diluvio que destruya la tierra. Esta es la señal del pacto que para siempre hago con vosotros y con todos los animales: he puesto mi arco iris en las nubes, y servirá como señal del pacto que hago con la tierra. Cuando yo haga venir nubes sobre la tierra, mi arco iris aparecerá entre ellas. Entonces me acordaré del pacto que he hecho con vosotros y con todos los animales, y ya no volverá a haber ningún diluvio que os destruya...
Mientras el mundo exista habrá siembra y cosecha; hará calor y frío,
habrá invierno y verano, y días con sus noches“.

El amor de Dios

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Dios ha mostrado su infinito amor al enviar a su Hijo a un mundo lleno de pecado, es decir, de maldad. Jesús es el Único Justo que ha habido en este mundo. Sólo él puede liberarte de todo lo que te tiene ligado al mal. El llevó a cabo la voluntad del Padre, hasta el final, para poder salvarte.

Intenta imaginar que Jesús es algo así como el arca. Si crees y confías en él, en que ha derramado su sangre por ti en la cruz, tienes la vida eterna. Eso quiere decir que estarás siempre con el Señor, incluso después de la muerte. Todo esto te da seguridad y hace que te sientas protegido como Noé y su familia cuando estaban en el arca.

Un nuevo comienzo

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Jesucristo no se quedó en la tumba. ¡Resucitó y sigue vivo!

Así como la familia de Noé vivió un nuevo comienzo para su vida tras el diluvio, igualmente Dios te da la posibilidad  de arrepentirte y pedirle perdón por todo lo que has hecho mal. Si aceptas al Señor, te haces hijo suyo, gracias al sacrificio de Jesús en la cruz. Con su ayuda puedes vivir la vida como al él le agrada.

Puedes escuchar su voz cuando lees la Biblia y te diriges a él en oración como si hablases con un amigo. Dios no se cansa de escucharte, porque él espera que tú le busques y andes en una relación estrecha con él, tal como hizo Noé


Un padre tenía dos hijos.

Un padre tenía dos hijos.

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El más joven le dijo: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.’ Y el padre repartió los bienes entre ellos.

 

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Pocos días después, el hijo menor vendió su parte y se marchó lejos, a otro país, donde todo lo derrochó viviendo de manera desenfrenada

 

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allí vivía haciendo lo que le daba la gana. compraba todo lo que quería, derrochando su herencia con los amigos que se había buscado.

 

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  Cuando ya no le quedaba nada, vino sobre aquella tierra una época de hambre terrible y él comenzó a pasar necesidad.

 

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Fue a pedirle trabajo a uno del lugar, que le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y él deseaba llenar el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

 

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Al fin se puso a pensar:
  ‘¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras que aquí yo me muero de hambre!
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Volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti, 

 

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Así que se puso en camino y regresó a casa de su padre.
“Todavía estaba lejos, cuando su padre le vio; y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos. 

 

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El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo.’

 

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  Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Sacad en seguida las mejores ropas y vestidlo; ponedle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies
Traed el becerro cebado y matadlo. ¡Vamos a comer y a hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!’ Y comenzaron, pues, a hacer fiesta.


                    En aquellos tiempos, el anillo era signo de autoridad y el calzado indicaba que era un hombre libre, porque sólo los esclavos iban descalzos. Con el abrazo del padre y sus nuevas sandalias en los pies, el joven ya no tenía ninguna duda de que el padre le había recibido como a un hijo.

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Entre tanto, el hijo mayor se hallaba en el campo. Al regresar, llegando ya cerca de la casa, oyó la música y el baile. 26 Llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba,  y el criado le contestó: ‘Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha mandado matar el becerro cebado, porque ha venido sano y salvo.’

 

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Tanto irritó esto al hermano mayor, que no quería entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese. Él respondió a su padre: ‘Tú sabes cuántos años te he servido, sin desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. En cambio, llega ahora este hijo tuyo, que ha malgastado tu dinero y le haces una fiesta.       ’

El padre le contestó: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero ahora debemos hacer fiesta y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’



Dios te ha demostrado su amor infinito, enviando a su Hijo a un mundo lleno de pecado, de esclavitud. Jesús fue el único Justo que ha pisado esta tierra. Sólo él puede liberarte de lo que te hace obrar mal. Él hizo la voluntad de Dios Padre, hasta lo más profundo, muriendo en la cruz para salvarte.
Nos parecemos tanto al hijo pequeño como al mayor de esta parábola que contó Jesús. Somos demasiado egoístas y sólo pensamos en lo nuestro, por lo que nos portamos mal.

Lo importante es que nos demos cuenta de que el pecado nos separa de Dios. Pero Jesús vino para buscar lo que se había perdido. Dios espera con los brazos abiertos a cualquiera que acude a Él. Jesucristo no se quedó en la tumba: resucitó y está vivo.
Sólo él puede cambiar completamente una vida. Jesús te da la fuerza para vivir conforme a su voluntad. Puedes hablarle en oración como si fuera un amigo Es importante venir a Él tal como eres. Todavía estaba el hijo pequeño pidiendo perdón cuando el padre le puso sus nuevas ropas y calzado... Así te recibe Dios cuando te arrepientes de corazón. Desde ese momento empiezas a ser parte de la familia de Dios y nunca serás echado fuera.

Dios no obliga a nadie. El hijo mayor estaba siempre en casa, obediente, seguro. Pero no conocía de verdad el corazón de su padre. Por eso no acababa de aceptar el retorno de su hermano ni se alegraba por ello.
En el cielo hay una gran alegría por cada pecador que pide perdón. Por eso, también nosotros nos alegraremos y haremos fiesta por cualquiera que regrese al Padre.